Textos Poesía Visual

llave de J.BrossaLa poesía visual como una mesa camilla patas arriba

A los seis años me enseñaron a dibujar en el colegio, a plasmar sobre un papel aquellas cosas cotidianas que me rodeaban y que, extraña paradoja, había conocido dibujando cuando comencé a garabatear de forma intuitiva sobre cualquier superficie que hallaba a mi paso.

“Un método es importante”, escuché. “¿Por qué?”, pregunté. “Para copiar con precisión lo que ves sobre una hoja de papel”.

Entonces descubrí con horror dos cosas: la primera, y que más me atormentó, fue que hasta ese momento yo no había dibujado nada; y la segunda, que requería de ciertas armas para ser precisa.

Me puse manos a la obra. Mi primer dibujo fue un auténtico desastre, le faltaba precisión -mis líneas temblaban y se retorcían como árboles con dolor de estomago- y, lo que era mucho peor, se veía cómo lo había hecho. Debía difuminar, suavizar, eliminar las líneas falsas, las manchas, los borrones. No bastaba con construir líneas, planos, curvas, sino que además debía cubrir todo ello; es decir, dibujar era algo parecido a construir una mesa camilla con sus faldas y su tapete.

Cuento esta pequeña anécdota porque cuando descubrí, años más tarde, el mundo de la poesía visual y experimental pensé que alguien había dado la vuelta a la mesa camilla y la había puesto obscenamente patas arriba. Y este hecho me resultó inquietante, impúdico, desestabilizador e irresistiblemente atractivo.

Ante el poema Llave de Joan Brossa uno descubre que el lenguaje no es una llave mágica con propiedades sobrenaturales que abre cualquier cerradura, sino que es capaz de generar todos los códigos necesarios e innecesarios para entrar o salir de cuantas estancias se quiera, porque tan importante es el mensaje como la construcción de ese proceso que se genera.

La poesía visual, el poema objeto y el libro objeto, el net.art, el arte postal y todas aquellas manifestaciones artísticas que han surgido en esta línea, ponen de manifiesto la importancia en el arte del proceso, de la elaboración, de la generación de redes de significado que se alimentan unas de otras y que enriquecen nuestra percepción; al mismo tiempo que evidencian las carencias actuales de una sociedad que valora los medios en función del resultado obtenido.

Un poema visual no es una mirilla, tampoco una cerradura, ni la llave que encajará en la puerta, porque tanto la mirilla, como la cerradura o la llave están en el poema visual a la vista de todos. Lo que otorga a este tipo de manifestación artística gran libertad de movimiento, de expresión, de manipulación, de crítica y de autocrítica.

Y con las claves que nos descubre la poesía visual uno puede ser preciso si así lo desea, dibujar elefantes de largas trompas, rastrear las vocales de un caracol, catalogar los diferentes sonidos de las bocinas de los coches, construir mesas camilla y levantarles las faldas o prenderles fuego.

Mar Lozano Reinoso

 

El poema que tejió la araña

(texto publicado en la revista El coloquio de los Perros)

Un poema es una casa habitada, un refugio de amplias ventanas que muestran diferentes panorámicas del jardín universo, una larga carta que narra las aventuras y desventuras de los pies que corretean tanto fuera como dentro de la morada, una cueva platónica donde la mirada se identifica con la sombra.

Un poema visual, en cambio, es la radiografía espectral de la casa y el mapa térmico de lo que allí se encuentra. Es una tela de araña tejida con el pulso de un equilibrista y la bella danza de la bailarina que seduce e incita.

En muchas ocasiones me han preguntado cómo se construye un poema visual. Y siempre que he contestado, sabía que mentía. Cada vez que afirmaba que la poesía visual es la imagen hecha poesía, o la palabra intoxicada por la imagen, o el juego de varios lenguajes bajo la mirada poética, rompía la red de la araña y desvirtuaba el sentido real de la poesía visual.

Entonces me fijé en el modo de actuar de la araña. La araña sale de la cueva y se afana en construir algo aparentemente absurdo. Traza hilos que engancha, retuerce y estira. Si tira demasiado de un lado, compensa la tensión inclinando la posición del extremo opuesto; así, hasta conseguir el equilibrio perfecto y una misteriosa tela que dará cobijo mortal a la presa seducida.

La araña es una gran poeta visual: construye una superficie aparentemente frágil porque sabe que la realidad es mutable y bello el movimiento; trabaja, en un ejercicio de fuerzas y de tensiones, su pequeño habitáculo donde la presa será desnudada y engullida con la pasión de un amante celoso.

Cada araña es identificada por su modo de fabricar la tela. Hay telas embudos, tubulares, espirales, en forma de hoja o de bóveda, y son generadas teniendo como referencia de medida su propio cuerpo. Un mapa de sí mismas multiplicado por el número elegido.

El poema visual es una tela de araña con clave de identidad del autor. Un mapa que traza con su cuerpo para aprehender lo que le rodea y, a partir de ahí, manipula, transforma, construye, juega.

Creo que la próxima vez que me pregunten sobre la poesía visual, no hablaré del poema sino del poeta y diré: <El poeta visual desnuda la realidad, sus ojos son impúdicos y posee las manos de un niño que acaricia todo lo que ve para sentir en su piel las diferentes superficies y, de este modo, aprender a tejer. >

Mar Lozano Reinoso

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